marzo 30, 2012
El café, tan negro y cotizado como el petróleo
El tema del café es de suyo, muy apasionante. Vengo de vivir algunos años en México, donde la cultura por esta bebida constituye parte de su dieta cotidiana y se incorpora en los menús de las comidas.
Hablar de café es referirse a un antioxidante, indispensable para la longevidad. Y obliga a polemizar con sus detractores para echar por tierra los supuestos efectos nocivos en la salud. Por supuesto, todo alimento o bebida consumido en exceso puede ser perjudicial, eso es de perogrullo.
marzo 20, 2012
marzo 16, 2012
El mundo al revés del Metro de Lima
Otra perla más para el anecdotario de cosas que pasan en Perú. Ahora que el Sistema del Metro de Lima, Línea 1 (Tren eléctrico) está a punto de iniciar operaciones con pago de boleto, acabo de ser informado en forma oficial, que la circulación del convoy de vagones será en dirección inversa al tránsito vehicular convencional. Es decir, tal como si viviéramos en Londres o Tokio.
marzo 07, 2012
Chespirito, los protocolos y las buenas maneras
En las conferencias sobre comunicación asertiva que dicto en forma eventual, la primera reflexión que expongo a los participantes es recordar aquella escena de la serie de TV “El chavo del ocho”, en la cual Doña Florinda y el Profesor Jirafales se esmeran por recrear un protocolo de cortesías y buenas maneras.
febrero 16, 2012
Piaget, los pata de perro y el futuro...
En el pasado reciente, la gente en Perú usaba una célebre expresión para criticar a sus hijos y amistades. “Sólo andas en la calle con ese pata de perro”, sentenciaba la frase. Así se cuestionaba a aquel amigo que nos tentaba a por jugar en las esquinas de nuestras casas.
Tengo la impresión que de allí surgió la frase contestaría para defender al amigo criticado. A la pregunta “¿quién es él?”, surgió la respuesta categórica. “Es mi pata”, que se mofaba de la crítica del padre o la madre.
“Pata de perro” era una de las expresiones más severas (¡cómo cambian los tiempos!) para comparar al hijo y a sus amigos, con los perros vagabundos que deambulan por el mundo sin rumbo, oficio o beneficio…
febrero 15, 2012
febrero 13, 2012
Camino de arena...
Ahora que mis notas se van al ciberespacio vía las direcciones de mis conocidos y a partir de ellos a otras personas, he decidido subir una imagen de las huellas de un camino de arena, tema de un próximo título de poesía que publicaré, dedicado en memoria de nuestro buen amigo Alfonso Cisneros Cox, alias Fonchín.
En este espacio seguiré compartiendo no sólo mis modestas ideas e impresiones sobre la vida, sino también música y videos. Ahora les adjunto, abajo de este artículo, un clip musical de Mozart, muy oportuno para la lectura.
Anímense a participar con sus comentarios, críticas y sugerencias.
Fito Medrano
febrero 12, 2012
Para entendernos mejor
Escribe: Fito Medrano
¡Qué semana para estar ocupado!
Todo el tiempo frente a un ordenador, tecleando y tecleando cosas laborales o de mis estudios, y ni una posibilidad de añadir una línea a este blog…
Pero ya andamos de vuelta. Ahora que “volví” a escribir, entrecomillo lo de volver, porque, la verdad, siempre estoy escribiendo, he recibido el comentario de un par de amigos que se alegran que retome la “pluma” (ahora estas son puras metáforas frente a un mundo digital), pero también hubo alguien muy especial para mí, que me criticó acremente.
Me acusó de antiperuano, de sufrir complejos de superioridad por haber vivido mucho tiempo en el extranjero y apoyar a Iván Thays por sus críticas a la comida peruana. En realidad, no es que le diera mi respaldo, propiamente dicho. Lo que especifiqué y cito, por las dudas, fue: “Quizá exagere el escritor peruano con aquello que la comida peruana es indigesta, pero lo que sí, definitivamente, es desequilibrada en la composición de sus ingredientes”.
Y aproveché para hacer mí ya conocido alegado contra el comino.
Sin embargo, quizá no fue esto lo que mortificó a esta persona, sino que luego del alegato anti-comino, volví a la carga con algo que sí me parece a por tomar en cuenta, relacionado con nuestra actitud frente a la vida. Y me ratifico en que los peruanos tenemos una patología extraña. Quizá porque hayamos sido oprimidos por los incas, los españoles o los políticos republicanos, ocurre que nos encanta brincarnos las normas, acaso como un instinto de rebelión. Somos informales, nos gusta sacar provecho de toda situación y, desde un punto de vista psicológico, esto tendría algunas explicaciones vinculadas con nuestras profundas frustraciones de haber sido avasallados.
Y si antes era la opresión del costeño blanco de estirpe contra el serrano o selvático mestizo sin casta, los roles han cambiado y las luchas son de todos contra todos. El otrora sumiso serrano o selvático frustrado, es el nuevo rico, que no se acompleja y compite por el poder económico con el blanco costeño. Y, cosa curiosa, salvo honradas excepciones, ambos son informales, vulgares y con un acrecentado complejo de superioridad.
Vaya que si el tímido Freud hubiera vivido en esta época, tendría que haber pasado por un discípulo psicoanalista porque se hubiera atormentado de tanta contradicción.
Ahora bien, no es que todos los peruanos seamos malos o echados a perder. Claro que no. Los hay muy buenos y gracias a ellos, nos salvamos como país. No sólo me refiero a ilustres de la categoría de Mario Vargas Llosa, Javier Pérez de Cuellar o José Matos Mar, sino también a gente de a pie. A muchos cobradores de microbuses, a empleados bancarios, a oficiales y suboficiales de la Policía Nacional, a maestras abnegadas, a médicos cirujanos del sector público, a obreros calificados, a empleadas de hogar y más, que en sus distintas posiciones, son formales, educados, comprometidos con su quehacer, además de cordiales y progresistas. En estas mismas categorías los hay otros que son muy malos y por su actitud, desprestigian a sus instituciones y al Perú.
De allí que, efectivamente, generalizar sea algo malo.
Si lo hice, aunque me incluí al escribir en primera persona del plural, quizá no fui lo más objetivo. Lo asumo, pero lo que quise significar fue la idea-fuerza planteada: “La peruanidad debería ser un estado de ánimo que nos permita ver nuestros propios defectos para superarnos”.
Y, felizmente, ahora somos un país progresista que respeta los derechos humanos, que crecemos en términos macroeconómicos, que la gente tiene capacidad de gasto (aunque un poco artificial por las tarjetas de crédito), pero que ha llegado la hora de acentuar nuestra identidad nacional para que la justicia y la inclusión social deje de ser una frase. Que llueva parejo, si cabe la metáfora. Como parejos deben ser los modales, la cordialidad, el compromiso con la construcción de una sociedad en iguales condiciones para todos.
No escribo más, pero para la siguiente voy a explayarme sobre lo que concluí en la polémica crónica anterior: “No será esta y probablemente tampoco la siguiente generación de peruanos, la que nos enderece de nuestras malas actitudes y hábitos. Pero, ojalá, cuando empiece la segunda mitad del siglo XXI, entonces sí sea el inicio de un cambio donde empecemos a entendernos como nación, como cultura influyente”…
Verán que es tan importante entender la educación como un proceso permanente que debe empezar por una autocrítica de nuestra sociedad y sus instituciones, para descubrir que tenemos la solución a la mano y no en el paraíso inventado por los gringos…
¡Que tengan una buena semana!
Lima, a 12 de febrero de 2012.
febrero 05, 2012
Hola de nuevo, amigos - A propósito de la comida y la peruanidad

Tienen razón, este sitio tiene o tuvo pocos visitantes, pero la idea es retomar el hilo y subir a la lona de la web...
Ya no me apasiona hablar de vinos, lo confieso. Los tiempos cambian y uno con ellos.
Y en esto tiene algo que ver, lo que afirma el escritor Iván Thays cuando critica la denominada "búrbuja de aire del boom de la gastronomía peruana". Los peruanos tenemos el defecto de creernos el ombligo del mundo. Fuimos parte de una cultura ancestral trascendente y dictatorial, tal como fueron los incas, pero ahora no somos más que una cola de falso progreso de la globalización.
Decía que el tema tiene relación, porque hablar de vinos es una frivolidad. No porque sea malo, sino porque puede resultar muy snob en un país, donde, además, no hay cultura vitivinícola.
Algunos en el Perú se sienten logrados porque vienen artistas desfasados pero de renombre, a cantarnos y a confundirnos. Gastamos nuestro escaso dinero para estar parados en estadios donde vemos de lejos a las "celebridades". No nos damos cuenta que sólo contribuimos a enriquecerlos más, con tal de presumir que somos cosmopolitas.
Tenemos los valores alborotados. Nos confunden las tarjetas de crédito, las ofertas inmobiliarias, la presunción de una posición social, pero no somos más que tristes individuos manipulados por el comercio, la publicidad y también la política.
Pero de política hablaremos en otro momento.
Decía que el comentario de Thays me hizo reaccionar y volver a escribir. Si ya no hay espacios en los medios tradicionales, aquí están (también gracias a la globalización), los medios alternativos.
Quizá exagere el escritor peruano con aquello que la comida peruana es indigesta, pero lo que sí, definitivamente, es desequilibrada en la composición de sus ingredientes.
En la cocina peruana nos desgobierna el comino.
Podría pensarse que los chefs de moda tienen lengua de trapo, porque creen que condimentando con comino, hacemos los potajes más sabrosos. Una prueba más de la falta de exquisitez para guisar. El comino es dominante, absorbente, dictatorial, mata cualquier otro sabor que pretenda competir con él.
Tal como decía una vieja amistad mexicana, guisar con comino, es como meter un calcetín (una media) a un guiso, por lo penetrante y desagradable de su sabor.
Así que tampoco es para rasgarse las vestiduras que alguien que nos prestigia por ser un intelectual de renombre y joven, critique a la comida peruana.
Sin ir muy lejos, en el Perú hay mucha gente que no gusta de la Inca Kola y eso no los hace menos peruanos. Muchos prefieren la Coca Cola, al cabo de la misma corporación.
La peruanidad debería ser un estado de ánimo que nos permita ver nuestros propios defectos para superarnos. Pero eso también es difícil, los peruanos somos envidiosos, intolerantes, informales, nos encanta sacarle la vuelta a las normas.
No nos engañemos. Ni siquiera bebemos pisco, de allí la necesidad de crear un día de celebración.
No será esta y probablemente tampoco la siguiente generación de peruanos, la que nos enderece de nuestras malas actitudes y hábitos. Pero, ojalá, cuando empiece la segunda mitad del siglo XXI, entonces sí sea el inicio de un cambio donde empecemos a entendernos como nación, como cultura influyente, no con base en sacarle la vuelta a los demás, sino en la defensa de las libertades, los valores y el derecho.
No se olviden, la educación empieza en casa, no en las escuelas. Mientras no tengamos esto en claro, pocas cosas habrá por cambiar.
Hasta la siguiente...
octubre 27, 2009
abril 15, 2009
Kir, el coctel francés por excelencia

Nada mejor que un kir para abrir el apetito. Hablamos de una excelente combinación de vino blanco seco y licor de cassis que permite un maridaje mágico para el paladar y los sentidos.
Poco conocido en Perú, tiene también una variante más pituca si hablamos del Kir Royal, que en este caso mezcla champagne seco y cassis.
En todas las formas, vino blanco o champagne, debe ser siempre seco, dado que el licor de cassis es extra dulce, lo cual produce, justamente, el equilibrio de sabores al paladar.
La primera vez que tomé kir en un bar parisino de Montparnasse, me ofrecieron botana de cacahuates, lo cual también me pareció una buena combinación pues el salado permite un equilibrio de matices con el coctel. Pero, sobre todo, porque ilumina las ideas, calienta el espíritu y ofrece pasión garantizada…
Dicen que el cassis no es más que una “baya de cassís”, es decir un tipo de grosella negra. Siempre he creído, antes bien, que se trata de licor de ciruela. En fin… lo importante, es que con él, se pueden preparar también delicias de pastelería.
enero 17, 2009
enero 16, 2009
Carménère De Wikipedia, la enciclopedia libre
El Carménère es una variedad de uva que se considera originaria de la región de Médoc en Burdeos, Francia, donde todavía se sigue cultivando. Con esta variedad se obtiene un vino con cuerpo y muy coloreado, adecuado para reforzar otros vinos más ligeros. La variedad Petit Verdot produce también vinos dotados de estructura y color, pero algo más ácidos. Su propio nombre "verdot" (verde,ácido) describe tal característica. Esta mayor acidez le hace muy adecuado para reforzar vinos de zonas cálidas, en las que se produce pérdida de ácidos debido al calor excesivo.
El Carménère fue una de las cepas más ampliamente cultivadas a principios del siglo XIX en las regiones de Médoc y Graves en Burdeos, Francia. En el año 1860 se produce un desastre, los viñedos franceses fueron atacados por la filoxera, un insecto diminuto que afecta la raíz y las hojas chupando la savia de las plantas. Esta plaga extinguió la cepa de todas las viñas francesas, y europeas en general, las que que paulatinamente comenzaron a reemplazarla por otras cepas menos sensibles como el Merlot.
El redescubrimiento
El año 1994 el Carménère es redescubierto en Chile, por el ampelógrafo francés Jean-Michel Boursiquot, quien advirtió que algunas parras de Merlot tardaban más en madurar. Los resultados de estudios realizados concluyeron que se trataba de la antigua variedad de Bordeaux Carménère. La cepa que se pensaba extinguida era redescubierta.
El Carménère había sido introducido en Chile en 1850 desde Francia, y permanecido oculto junto al Merlot.
La mayor concentración territorial dedicada al cultivo de esta cepa se encuentra hoy en los valles centrales de Chile, especialmente en las regiones VI, VII y Metropolitana. Según el Catastro Viticola Nacional (2005) elaborado por el Servicio Agrícola y Ganadero, existen 6.849,2 hectáreas plantadas en el país, siendo la tercera en importancia en los cepajes tintos después del Cabernet Sauvignon y el Merlot. La investigación genética reciente ha comprobado que la variedad puede estar lejanamente emparentada con el Merlot.
Actualmente, las empresas vitivinícolas chilenas invierten fuertemente en esta cepa con el propósito de crear una identidad propia para el vino chileno basándose en el Carménère, siguiendo el ejemplo de las empresas australianas y la variedad de uva de Syrah.
La importancia que la industria vitivinícola chilena ha querido darle a la cepa, quedó patentada durante el primer concurso internacional "Carménère al Mundo" que la Asociación de Enólogos de Chile realizó el año 2006 y en el cual se presentaron más de 200 muestras de la variedad.
El año 2006 la Viña San Pedro lanzó una nueva producción de vino Carménère con el nombre de Castillo de Lándiras en Homenaje a los 400 años de la Compañía de María Chile. Producción reservada como conmemoración de esta Orden Religiosa que tiene sus orígenes en Burdeos.
Características
El Carménère se distingue por un color rojo profundo, aroma donde sobresale notas verdes como el pimentón. En su sabor se encuentra el chocolate y notas de frutas rojas, bayas y especias. Sus taninos son más amigables y suaves que los del Cabernet Sauvignon. Sus notas vegetales lo hacen menos elegante que un Merlot. Es un vino de cuerpo medio, fácil de beber y que debe beberse joven.
El Carménère se da mejor en suelos que retengan agua, ya que tiende a deshidratarse. Los mejores suelos son los arcillosos y con poca grava o pedregosidad, a diferencia del Cabernet Sauvignon.
Este vino se recomienda guardar hasta 6 a 8 años
Se sugiere servirlo a 16ºC con cordero y otras carnes, pasta, pero también puede degustarlo solo.
Ver más en: http://es.wikipedia.org/wiki/Carmenere






